Algo en el viento llama mi hasta ahora abstraída atención. Será el suspiro de los ángeles, un susurro clandestino en las ciudades de los hombres. El viento cabalga por las llanuras de las calles, entre los edificios ruidosos, sorteando los vehículos que se encuentra a su paso, llevando en su grupa a los fantasmas del tiempo que buscan su hueco en los relojes ya olvidados en el fondo de los cajones. Incluso a veces, ese viento, curioso, se encuentra con calles sin salida y tiene que sortear como puede las esquinas, para volverse esquivo al destino al que el hombre le ha enfrentado con sus construcciones majestuosas donde antes solo había arboles o llanuras. (Como ha cambiado todo, silva la brisa al doblar la calle).
Mientras, Dios, observa desde el cielo. Ese mismo cielo que cubre al hombre como un toldo silencioso, que es orilla donde el viento mece las nubes: en un extremo la orilla del amanecer donde el sol baña con sus rayos las nubes mas cercanas, y en el otro, la orilla del atardecer que mira fijamente a la luna y observa nostálgica los rayos más lejanos del sol. Y Dios se encuentra en ambas orillas a la vez.
Entonces, Dios susurra, casi suspira...pocas palabras y un nombre propio. Una brisa errante. La mecánica de la vida.
Y la vida intentando echarle un pulso a Dios...



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